Miguelángel Díaz Monges

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Conjura de necedades

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Mis hijos han recibido buena educación y son muy considerados: me hacen creer que creen en Peter Pan y en los gnomos. En correspondencia, yo les hago creer que creo en Dios, los Pumas y el Real Madrid, en Bermúdez no. ¡Panda de mentirosos, pero todos contentos!
 
También les tengo dicho que, si no estudian, cuando crezcan le van a ir al América. Eso es muy eficaz porque ya saben que los americanistas son culebros, igual que los del Barça (a excepción, claro, de Vázquez Montalbán, q.e.p.d., Serrat y Zapatero, o éste quién sabe). Después vienen las enmiendas: en menos de 24 horas Pumas pierde contra Cruz Azul y el Real contra el Barça, Zapa saca el cobre, al final gana la liga el Athletic (¡gora!) y cuesta pensar que Pumas se lleve el título: no siempre ganan los mejores. Los culebros también ganan una que otra vez, o casi siempre, pero eso no mejora ni empeora el mundo, lo diversifica. Si la gente de bien ganara más seguido existirían más Intocables y menos Padrinos de Coppola y eso sería una lástima pese a la irresistible simpatía que despierta el Eliot Ness de Robert Stack. Tampoco existiría El golpe. Casablanca sí. En Casablanca todos ganan, todos tienen razón y todos dicen la verdad necesaria, quizá ese absurdo constituye el encanto de la película, tan mentirosa y considerada. No es alegre pero ofrece un mundo deseable. El equilibrio es importante. Cuando los monigotes de mi hijo se cansan de ser superhéroes (¡prohibida la guerra, prohibido matar!) se sientan a ver la telenovela imaginaria “Matones y enamorados”. No se sabe de qué trata tan atractiva serie, la cosa es que ni guerra ni muertos, porque, si se atiende a los buenos modales y a la lógica más elemental, que haya matones no implica que haya muertos. No es bicondicional. Mi hijo es “índigo”, dice su madre: ¡Índigo tu padre y toda tu familia, nosotros somos gitanos en el peor de los casos!, ¡Índigo, no indio, idiota racista, renegado, hijo de tu gachupinche parentela! Qué bárbara, qué maneras, que falta de consideración, ¡y luego te dices cristiana! Mis hijos están bien educados y me consideran mucho: fingen que la guerra y la matadera les parecen aberrantes.
 
Hay que tener mano izquierda, temple y manejo de la situación. Juan Rulfo y otros tantos han sabido comprender esto: Uno o dos libros y ¡a la tumba, mi amigo, que tampoco hay tanto que decir!, ni quien lo lea, además. Saramago sabe porqué no conviene usar guiones para señalar los diálogos, a mí es que me parece cómodo y muy ordenado, a veces.
 
John Kennedy Toole, pobrecito, escribió una novela prodigiosa que se llama la Conjura de los necios, la anduvo promoviendo de editorial en editorial y nada, que no, que era mala pues. Como era joven y se había tragado lo de que uno viene a esta vida con una misión, se suicidó. Su señora madre siguió promoviendo la obra hasta que consiguió que se publicara: Best Seller. A Kennedy Toole ya le da lo mismo. Aparte el feo asunto del suicidio, en su novela propone algo así como que en este mundo hacen falta más geometría y teología para conseguir decencia y buen gusto. Estoy irrestrictamente de acuerdo. En cambio difiero de otra de sus observaciones, tiene muchas dignas de subrayarse pero no es el caso: “En calles en que los habitantes están particularmente desesperados, hay tres y cuatro bares en cada cruce.” Es cierto, pero no del todo. En una sociedad cuyo motor es la moneda, los más desesperados no se encuentran en los bares, sino en los casinos o en los expendios de suerte, que los hay para todos los gustos y, entiéndase, credos. Si nuestras culturas fueran más espirituales, en los bares hallaríamos más tristeza que aguardiente. O tal vez los bares son los templos de nuestras sociedades y, en efecto, alojan más dolor que destilados.
 
No todo mundo estará de acuerdo, a mí me parece que la pregunta que nos puede guiar a una evaluación atinada de este tiradero de almas que es la existencia humana viene difícil de responder: ¿Qué vicio es más desagradable y acarrea más desgracias, más esperanzas infundadas, más expectativas ilusas: el juego o el alcohol? La adicción al alcohol se considera enfermedad y tiene nombre: alcoholismo. La adicción al juego ni siquiera ha sido nombrada, o sí, ludopatía, pero nadie hace caso de tan mal nombre (¿o es que sufrir por el juego es estar enviciado con él?, ¿o se le puede a uno enfermar el juego?, sí, vale, pero eso es otra cosa). ¿Qué dirían de esto los cabalistas, los exégetas, los herméticos, y, claro está, los nominalistas? Tampoco los analíticos podrían comentar con ligereza la disyuntiva, aunque los analíticos suelen ser jugadores y alcohólicos. Los sabios sí, esos siempre tienen la opinión correcta y hasta la verdad. Es mejor un jefe de familia borracho con dinero que un pobre diablo sobrio que fue a perder la quincena en el casino. Es mejor un recién desfalcado repartiendo sus culposas muestras de afecto que un caballero forrado de billetes vomitando por toda la casa mientras atemoriza a la mujer y los hijos. Peor que cualquiera de ellos son un jugador borracho o un millonario abstemio, ésos pueden hacerle insoportable la vida a cualquiera, al menos un rato. Mis hijos no beben ni cruzan apuestas, o sí, pero no se emborrachan ni pierden su resto a una mano. Están bien educados y son índigo según asevera su madre.
 
Hay que tener estilo y porte para hacer las cosas. Amados hijos: su madre lleva tres semanas borracha porque perdí la casa en el casino, ustedes disculpen. Y ya está. Armar un irigote frente a tal desplante sería desconsiderado y daría nota de mala educación.
 
La madre de Kennedy Toole no supo guiar a su hijo, por eso se suicidó. Que su novela es mala. Ah, bueno, gracias por leerla. Eso es diferente a suicidarse. La madre de Kennedy Toole no supo arreglárselas con su conciencia y por eso conocemos La conjura de los necios. Yo creo que el afortunado editor no fue ningún visionario, sino un infeliz al que la señora Kennedy le reventó los nervios a punta de lloriqueos. No es galante andar suplicando pero a veces trae resultados positivos. Los editores y los encargados de recursos humanos (esto sí que es cosificación) deberían tener mano izquierda y muleta: Su novela está de rechupete, pero justo esta mañana tuvimos fuga de gas con la que se murieron los capturistas, los correctores y todos los editores menos yo, luego sonó un celular y explotó el taller de impresión, así que ya ve, una lástima, no podemos publicarla. Este mundo es una calamidad, está de cabeza, lo mismo le ha venido pasando a todas las editoriales de un año para acá, en fin, que les deseo menos desdichas. Gracias por su comprensión, señor Kennedy. Gracias a usted por su atención y sus comentarios halagüeños. ¡Panda de mentirosos, pero todos contentos!
 
Mis hijos han recibido buena educación y son muy considerados. Me hacen creer que están inconsolables por la debacle del Real Madrid, pero que aún confían en que Pumas será campeón. También me hacen creer que creen que cualquier noche de estas vendrá Peter Pan para llevarlos a Nunca Jamás, donde saludarán a mi amigo Garfio, y me hacen creer que creen que Garfio es mi amigo de aquellos tiempos en que yo era bucanero, cosa que también me hacen creer que creen.

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